Existe una penumbra que nubla la distancia, una oscuridad que invade la vida más cercana a las estrellas, y unas nubes que cubren la mirada de quien intenta descansar en una noche sin distancias, sin verdaderos amores, sin consideraciones y sin motivos más allá de tomar un buen vodka al lado de una chimenea.
Sin embargo ve a la distancia unas luces que sabiéndose estáticas, reaccionan a la mirada inquisidora de una noche extraña, inalcanzable, y sobre todo mágica de miradas desesperadas, que dicen entre palabras sin sonidos que el deseo existe, un sueño imposible, un sueño que no existe.
El presente se encuentra distante, perdida en la distancia de la boca a la esquina del vaso, olvidado en las conversaciones que vuelan con el vodka, el ahora no existe, el pasado existe en las miradas, ¿el futuro? se encuentra perdido en la vida ya rota de la distancia y el dolor de unas miradas. ¿Las sonrisas? Ya no existen, ya no existo.
Que el vodka me recoja y me eleve en la distancia de la noche que ya las nubes cubren a la distancia de un balcón, kilómetros de luces que intercaladas me muestran la distancia de las intermitencias de unas miradas que no se mantienen, que no tienen sentido, que no llegan, existen en el pasado, pero ese tampoco existe ya.
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