En tres cuartos de
una canción,
la verdad me
alcanzó.
En la mirada de
horror,
de unos ojos sin
dolor.
A la sinfonía del
amor,
un violinista le
faltó,
y el piano se quedó,
en la cornea de
aquel señor.
Que un día esperó,
en la distancia, el
reloj.
Un silbido a
distancia,
me hizo acordar.
Y pensar que al fin,
la vida me iba a
encontrar.
No esperes de mi
jamás,
un adiós sin dudar.
Porque el tiempo me
ayudará,
el viento me
acordará,
De los ojos sin
dolor,
de una viuda del
corazón,
que cantó con horror
el final de una
canción.
-AC-
No hay comentarios:
Publicar un comentario