Los huecos eran más
grandes, las montañas más cercanas, los caminos más angostos. Aún así caminó
como si estuviera en casa, sus pisadas sonaban diferentes en este piso de aguas
reposadas y olvidadas que cayeron hace
años y nunca pensaron en recorrer, navegar y erosionar las grandes montañas de
nuestro vetusto hogar.
Atravesó la calle
cuando los escombros, las basuras y la mierda de las zorras lo pusieron
nervioso. Viendo caminos riesgosos, suicidas se acobardó de las luces y subió
por el puente de serpiente y chillidos de gotas que nunca pusieron terminar de
caer. Cuando bajó, sus lagrimas ya se habían sumado al coro perpetuo de lluvias
sin punto de destino.
Nunca pudo
describirlo como una jungla de cemento ya que siempre le pareció un racimo de
cuevas cavadas en el suelo, con ojos que se confundían en el cielo con cuervos
de carroña y basura. Jamás una lucha, dijo igualmente, más que solidaridad que
la montaña siempre ensombrecía.
Los agujeros de
grandes pisadas de gigantes lo condujeron hacia un hormiguero, conoció ahí a
los zánganos…. Las aguas son algo misteriosas en esta playa, la tranquilidad se
aleja y las olas chocan con grandes pirámides de acero y pólvora. Al oír eso,
él miró de lejos y se dio cuenta de los náufragos que yacían descubiertos al
lado de las tumbas de pequeñas hormigas.
¿De quién son las
pirámides? Se preguntó, cuando no tuvo la respuesta, caminó de vuelta a casa.
-AC-
No hay comentarios:
Publicar un comentario