Pensamos en nostálgicos, en perdidos y en solitarios cuando en la vida —tal vez en un momento caminando, o en una fila interminable o en un trancón insoportable— nos preguntamos sobre aquellas personas que tienen el tiempo suficiente para "resolver el mundo". Son aquellos incansables artistas que para nosotros se convierten en gente aparte de esta existencia, son verdaderos incunables en un montón de libros abiertos, de novelas ya contadas y repasadas por gurús auto-ayudantes. Pero no quiero pensar en ellos, no quiero imaginar que existen miradas, que por darse perdidas ser encuentran alejadas de la normalidad del mundo que construimos, me niego a entender que puedan existir personas que por amor a la vida, a la belleza y a la estética, puedan desligarse del mundo para encontrarlo fuera de lo que somos. Por eso vivo mejor en una conversación nivolesca de aquellas que no se dan con las personas, sino que se entretienen con las ideas, con la belleza de los sinónimos, con las disputas de los antagonismos, con la música de los hiatos; invito por este medio entonces a mirar al conocimiento como una forma más allá de la pesadez de los argumentos—aquellos que se inventan para distraer a las personas que quieren acceder a éstos, como rompecabezas indefendibles para aquellos que llegan con la estética intacta de la vida, del nacimiento, de saber que existe la realidad más allá de ellos mismos—más allá de los gritos cuando éstos no existen—inentendible forma humana de defensa (Yo siempre me pregunto, ¿defensa a qué? si aquel que más sabe no es más que por gracia de entender lo que en confianza mutua se crea anteriormente) ante la imposibilidad de entenderse a uno mismo—.
Si, invito a todos a que miren a la vida como una estética, como una forma de dibujar lo que se quiere, lo que por mucho tiempo se ha pensado y por último, lo que deseamos. Mi insistencia es la de entender que el conocimiento no es nostálgico, no hace perder de la vida a aquellos que tanto se hunden en percibirla, es saber que la vida se puede dibujar, es inclusiva con los demás—no en uno—, con todos aquellos que son lo suficientemente descarados para mirarle el ombligo a la luna, de entender que existen miradas para las cuales no existen discrepancias, y de saber que una vida sana es conversación, es creación de lo que existe pero no es entendible.
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