No
existe ni jamás existió otro espacio menos adecuado para la vida que aquella
cueva, y así lo documentarán tiempo después, en la proximidad de un futuro sin
acabar, o más probable, de un pasado que sigue sin envejecer. Pero para la
criatura que allí se encontraba el mundo era aquella pequeña hendidura de forma
irregular en la profundidad que no abarcaba más de 15 metros cuadrados, y que no
tenía ningún tipo de cámaras, habitaciones, baños o comedores. Un hueco en donde
el viento y la luz se rehusaban a llegar y donde el tiempo era un visitante extraño,
y en ningún momento extrañado o esperado. Un así existía ahí un sentimiento de
levedad comparable tal vez con el alma humana que permeaba la conciencia de
todas las partículas que paseaban por este pequeño lugar, ninguna palabra o
pensamiento podrán alguna vez transferir esta realidad a razonamientos,
estudios o conocimiento alguno, eterna dificultad en la búsqueda del
conocimiento.
Y
sin embargo no existía nada
Pero
aún así, todo se encontraba
Todo
se sabía
Aunque
todo se perdía.
Entre
la estrechez de conciencia y realidad que habitaban ese lugar se encontraba el.
Respirando hondo como si fuera la última vez que vería la instancia en la que
se encontraba se sentó en el piso. El vio hacia sus lados pero sin embargo no
alcanzó a mirar nada. El vio hacia arriba y hacia abajo, igualmente no encontró
nada, sin embargo mantuvo la mirada hacia abajo y sintió el piso. Sintió frío
pero no sufrió. Se mantuvo así unos miles de años, o así lo pudo percibir el,
esperando a que tal vez la tierra se moviera, o que el piso temblara y se
llevara con el todo lo que para el existía, o muy probablemente pensando en
quién era el.
-AC-
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