miércoles, 12 de junio de 2013

Sin título

Abro la puerta, y siento que el destino entra con los pasos del viento, y ya los viejos sabios del sentido común me reclaman, que la verdad no es como un soplo de viento, sino como una luz que ilumina hasta la más pequeña idea del pensamiento. Pero la verdad, al fin de cuentas, es que el pesado sentimiento del fin, no se puede delimitar a uno, o ni siquiera a dos fenómenos paranormales, para mí, el fin no es más que una sonrisa que se apaga y que se queda permanente en la memoria, como esa última mirada antes de la media vuelta y hasta luego.
La habitación se carga de un olor pesado, que recuerda a esos viajes interminables en carretera hacia tierras calientes, como Honda, o a paseos solitarios por lo parques, entre caños y charcos del ordenamiento catastrófico de la ciudad. Pero yo no me quejo, a mi sabio algún día le escuché que "el caos es un orden por descifrar", así que vivo en esta pocilga con la esperanza de que algún día el caño se llene de agua azul, en donde habiten peces y que nazca en la ciudad un nuevo aroma, aroma a destino de paz y de sosiego.
Una gota de sudor baja por mi mejilla, recojo el trapo que he utilizado estos últimos días y lo paso por mi cara, no va a tardar mucho tiempo para que todo esto termine, pienso. Miro la ventana y veo que una esquina todavía queda sucia, no ha pasado más de media hora y todavía sigo con la misma unidad, en el mismo piso, de la misma torre de trabajo, de esas en donde el viento grita cuando baja de la montaña y las calles se escuchan como remembranzas de conversaciones leídas.
La secretaria me regaña, su jefe me grita y mi jefe no hace más que disculparse con los anteriores, ofreciéndoles rebajas, garantías y demás promesas de que algún día podrán ver la fachada de su edificio como ellos algún día nunca pensaron tener. ¿Cómo les podré explicar que me distraje pensando en viajes a la costa?
Veo las ventanas pasar, y me alegro, porque cuando termine de verlas ya no tendré nada que explicar. Pareciera como si ese último grito me hubiera empujado, o habrá sido ese soplo del destino, pero ya no importa, ya veo el piso.


-AC-

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