miércoles, 19 de junio de 2013

Sentimientos escalonados

Hoy dormí con un muerto, en mi cama acostado estaba
y mientras  yo lo miraba, las luces se apagaban.
Corazones que se manchan, desaparecen en el cofre.
Y mientras las palabras me evaden, él se abstuvo
de mirar a mi cara, cuando los ruidos cesaban
y las almohadas destrozaban, la felicidad que ahí guardé.
Encerrada en la saudade, que mi corazón construyó
y que no se fijó, que ya mi corazón no estaba.
Porque mientras pisoteaban, en el piso mi mente
no había pena suficiente, que el dolor de estar solo.
En este cuarto encerrado, mientras el muerto miraba,
cómo mi corazón estallaba, cuando tu no estabas, guardián.



-AC-

miércoles, 12 de junio de 2013

Sin título

Abro la puerta, y siento que el destino entra con los pasos del viento, y ya los viejos sabios del sentido común me reclaman, que la verdad no es como un soplo de viento, sino como una luz que ilumina hasta la más pequeña idea del pensamiento. Pero la verdad, al fin de cuentas, es que el pesado sentimiento del fin, no se puede delimitar a uno, o ni siquiera a dos fenómenos paranormales, para mí, el fin no es más que una sonrisa que se apaga y que se queda permanente en la memoria, como esa última mirada antes de la media vuelta y hasta luego.
La habitación se carga de un olor pesado, que recuerda a esos viajes interminables en carretera hacia tierras calientes, como Honda, o a paseos solitarios por lo parques, entre caños y charcos del ordenamiento catastrófico de la ciudad. Pero yo no me quejo, a mi sabio algún día le escuché que "el caos es un orden por descifrar", así que vivo en esta pocilga con la esperanza de que algún día el caño se llene de agua azul, en donde habiten peces y que nazca en la ciudad un nuevo aroma, aroma a destino de paz y de sosiego.
Una gota de sudor baja por mi mejilla, recojo el trapo que he utilizado estos últimos días y lo paso por mi cara, no va a tardar mucho tiempo para que todo esto termine, pienso. Miro la ventana y veo que una esquina todavía queda sucia, no ha pasado más de media hora y todavía sigo con la misma unidad, en el mismo piso, de la misma torre de trabajo, de esas en donde el viento grita cuando baja de la montaña y las calles se escuchan como remembranzas de conversaciones leídas.
La secretaria me regaña, su jefe me grita y mi jefe no hace más que disculparse con los anteriores, ofreciéndoles rebajas, garantías y demás promesas de que algún día podrán ver la fachada de su edificio como ellos algún día nunca pensaron tener. ¿Cómo les podré explicar que me distraje pensando en viajes a la costa?
Veo las ventanas pasar, y me alegro, porque cuando termine de verlas ya no tendré nada que explicar. Pareciera como si ese último grito me hubiera empujado, o habrá sido ese soplo del destino, pero ya no importa, ya veo el piso.


-AC-

miércoles, 5 de junio de 2013

A la mar las rapalas

Entre ola y ola, el mar reposa,
y las cosas que el mundo añora
dentro del barco perdonan,
esperan donde no les toca.

En la playa, una casa reflexiona
sobre el color con que llegan
las olas y la espuma,
este día sin lluvias.

Y el pescador, que su bagre espera
ve que una ola hunde su señuelo,
y que en la corriente un barco llega
atravesando la oscuridad del fondo.

Cuando la sirena llore,
le decía el pescador a sus hijos,
la vida no empieza, como un barco corre
sino que la vida se detiene, como un pescado en los ojos.

Y el enigma se resolvió,
cuando el barco con las olas llegó
y las olas de negro se pintaron,
cuando el pescador en su cama murió.



-AC-