martes, 28 de mayo de 2013

Rima sin son.


En tres cuartos de una canción,
la verdad me alcanzó.
En la mirada de horror,
de unos ojos sin dolor.

A la sinfonía del amor,
un violinista le faltó,
y el piano se quedó,
en la cornea de aquel señor.
Que un día esperó,
en la distancia, el reloj.

Un silbido a distancia,
me hizo acordar.
Y pensar que al fin,
la vida me iba a encontrar.

No esperes de mi jamás,
un adiós sin dudar.
Porque el tiempo me ayudará,
el viento me acordará,

De los ojos sin dolor,
de una viuda del corazón,
que cantó con horror
el final de una canción.




-AC-

miércoles, 22 de mayo de 2013

Canción de cuna


Entre el entender el ser,
Ver las posibilidades de observar,
Y el reír o pensar,
Sentir el vivir sin dudar,

Existe el vacío total,
En realidad el infinito, sin dudar
La existencia entera está
En los ojos del altar.

La creación de la oscuridad,
Bajo un espacio posible,
En la nada donde ella vive
Donde el vivir no llega jamás.

Y es que existe en la humanidad
Una observación que va más allá
Con sentir que no existe sin más
Entre las formas de estar.

El sosiego del placer y el amor,
Una noche donde la luna sirve de espejo
Y cuando una sabana ,
Es la barrera a nuestra cara.



-AC-

jueves, 16 de mayo de 2013

Entre Ciudad Bolívar, Meissen y México


Los huecos eran más grandes, las montañas más cercanas, los caminos más angostos. Aún así caminó como si estuviera en casa, sus pisadas sonaban diferentes en este piso de aguas reposadas  y olvidadas que cayeron hace años y nunca pensaron en recorrer, navegar y erosionar las grandes montañas de nuestro vetusto hogar.
Atravesó la calle cuando los escombros, las basuras y la mierda de las zorras lo pusieron nervioso. Viendo caminos riesgosos, suicidas se acobardó de las luces y subió por el puente de serpiente y chillidos de gotas que nunca pusieron terminar de caer. Cuando bajó, sus lagrimas ya se habían sumado al coro perpetuo de lluvias sin punto de destino.
Nunca pudo describirlo como una jungla de cemento ya que siempre le pareció un racimo de cuevas cavadas en el suelo, con ojos que se confundían en el cielo con cuervos de carroña y basura. Jamás una lucha, dijo igualmente, más que solidaridad que la montaña siempre ensombrecía.
Los agujeros de grandes pisadas de gigantes lo condujeron hacia un hormiguero, conoció ahí a los zánganos…. Las aguas son algo misteriosas en esta playa, la tranquilidad se aleja y las olas chocan con grandes pirámides de acero y pólvora. Al oír eso, él miró de lejos y se dio cuenta de los náufragos que yacían descubiertos al lado de las tumbas de pequeñas hormigas.
¿De quién son las pirámides? Se preguntó, cuando no tuvo la respuesta, caminó de vuelta a casa.


-AC-

viernes, 10 de mayo de 2013

22 heridas y una vida roja

Dedicado especialmente a 
Carlos Cortés, Daniel Osorio y Jorge Armando Castro Parrales


Miré hacia la izquierda y no había montañas, miré hacia arriba y no había nubes, miré hacia el frente y no había fin. En ese momento paré y le pedí a uno de mis compañeros que me diera un cigarrillo, lo dejé en mis dedos mientras esperaba a que las otras personas nos alcanzaran. Los caminantes éramos cuatro: un fraile, un egresado de mi colegio, mi amigo y yo y estábamos a cargo de una vereda del municipio de San Luis de Palenque, en Casanare. Nuestra misión consistía en tratar de reunir la mayor cantidad de personas que estuvieran dispuestas a hacer una procesión en el único colegio de la vereda. Cuando nos alcanzaron seguimos caminando a ver si en algún momento encontrábamos una casa, ya que no habíamos llevado ninguna comida y esperábamos que a donde llegáramos nos pudieran dar cualquier cosa. Además, llevábamos un par de días haciendo lo mismo y ya empezábamos a sentirnos bastante cansados, el calor nos impedía a veces mirar más allá de un par de pasos y el único refugio que encontrábamos en el llano perpetuo, era mojar nuestras camisas con los pocos riachuelos que encontrábamos  en el camino, para improvisar un turbante y desear que no se secara muy rápido.

Al finalizar la tarde ya habíamos visitado un par de casas y pudimos hablar con un par de familias, una de ellas nos invitó a rezar el rosario y nos ofreció un almuerzo que aunque escaso, nos permitía tener la oportunidad de llegar de nuevo a la escuela donde nos estábamos quedando sin desmayarnos en el camino.  Sin embargo aún nos quedaba un largo tramo que recorrer y varias casas más que visitar. Cuando llegamos a la siguiente casa nos recibió un señor mayor que estaba acompañado de su esposa, nos atendieron perfectamente, nos dieron chicha caliente y nos invitaron a sentar. Nosotros le empezamos a contar el mismo discurso que le dábamos a todas las personas que nos encontrábamos, pero el señor nos paró y nos dijo que el ya sabía para que habíamos venido, ya que la noticia de unos extranjeros de la capital caminando todo el día no era común en la vereda.

“No voy a ir” nos dijo, y nosotros nos quedábamos callados ya que hasta el momento nadie nos había dicho que no. “No voy a ir” siguió, “porque este pueblo está maldito de traidores, asesinos y torturadores”, Jorge (el fraile) le dijo: “señor, esta es una celebración para todos y nosotros no queremos que nadie quede por fuera” – “¿por fuera?” respondió el señor con una risa larga y aguda, “yo no soy más ajeno que ustedes a esta tierra, la gente a no me va a extrañar, se lo aseguro señor” – alguien de nosotros le dijo después “¿No hay nada que podamos hacer para convencerlo?” – “lo siento, pero no” respondió él “pero no se preocupen es una historia larga y antigua” – “¿qué pasó señor?” preguntó Carlos, mi amigo.
El sol estaba ya rojo al final del horizonte cuando el señor se levantó de donde estaba sentado, nos dio la espalda y se subió lentamente la camiseta con ayuda de su esposa. Cuando se la quitó por completo pudimos ver su espalda, y nos sorprendimos porque aunque su piel en su cuerpo se intuía moreno, esta parte tenía muchos espacios completamente blancos, que su esposa numeró con cuidado: “22 cicatrices” nos dijo y se fue de la casa con los ojos aguados.

Cuando se volvió a poner la camiseta, se sentó y nos empezó a contar su historia: “hace ya varios años, el vecino empezó a molestar con mi finca, me mandaba las vacas y a mí me tocaba ir a sacarlas. Después de un tiempo, vinieron personas extrañas a mover las cercas que había puesto ahí, traté de hablar con ellos pero me amenazaron diciéndome que no me metiera. Esa misma noche vinieron a mi casa a decirme que eran parte de las FARC y que no querían verme otra vez” en ese momento se levantó y nos señaló una valla que apenas se podía ver y nos dijo “Allá se quedaron esa noche mientras yo buscaba a unos amigos que tenían problemas con esas mismas personas, uno de ellos se hablaba con los paramilitares de la zona y por la mañana ya estaban acá”.

Prendí el cigarrillo que había guardado desde la mañana mientras el tomaba un trago de chicha y seguía con su historia “ese día nos alistamos con las armas y caminamos a la valla, y mientras la empezamos a mover a donde era llegaron los otros. Cuando nos vieron empezaron a dispararnos, nosotros se los devolvimos mientras nos acostábamos en el piso. Ese día mataron a dos amigos míos y yo empecé a correr a mi casa para ver cómo estaba mi esposa. Cuando corría me dispararon tantas veces que me levanté 5 días después en mi cama, con mi esposa al lado. ¿Ganamos? Pregunté y me dijeron que no tendría muchos más problemas”. Dijo eso último mientras me fumaba el último cacho del cigarrillo con el cuncho de chicha que quedaba en mi vaso.

Mi amigo y yo aún seguíamos pálidos cuando llegamos a la escuela para dormir, el señor finalmente nos había invitado a comer pero todos nos rehusamos. Jorge nos mandó a dormir y yo me acosté en mi sleeping. No podía dejar de pensar en las cicatrices, las veía sangrar, veía la espalda roja, veía el cuerpo en el piso, veía a la esposa salir de su casa y correr a abrazarlo, veía los brazos de su esposa rojos, hasta que vi el amanecer rojo salir de nuevo por la planicie.

domingo, 5 de mayo de 2013

Cinco aguardientes

Entrando en razón,
Mirando la pasión
De algo tan lejano
Como el amor sin dios
Encuentro en mi vida
La pasión de aquello que está,
Pero que la vida,
Se dedica a alejar
Ese momento en mi
Donde el corazón se pierde,
En la mirada de la perdición
Donde te encuentras tú.

-AC-