Recuerdo una ciudad
en la que el color no le importaba aparecer, por eso llegaba de manera distante
y apenas recordaba un sentimiento de discordia perpetua entre los seres que
allí se encontraban. Sentados al lado del aroma nacional se oían las soluciones
a este inconsciente mar negro que no se alejaba de la disparidad del lago
central. Sentados en las sillas de metal no se escuchaba sino el susurro de la
ausencia de color en letras. Al lado de las fuentes se oían pasar las máquinas
que levitando llevaban el futuro de todos nosotros.
Recuerdo caminar por
el paso real y sentirme un dios, mirar las ventas y sentirme el dueño de todas
o ver a las personas que con sus ruanas intentaban escapar de esta ciudad
lúgubre y permanente, "Yo soy el señor" me decía, razonando sobre mi
capacidad de aguantar las heladas de la mañana y de la tarde. Pero cuando
pasaba por las plazas de los grandes maestros me sentía como lo que en realidad
soy, una persona más con sombrero.
-AC-
-AC-
No hay comentarios:
Publicar un comentario