jueves, 9 de septiembre de 2010

Cintas, círculos y óvalos

Uno, dos y hasta tal vez tres puntos se me forman en mi cabeza, tres puntos que empiezan a danzar embobados bajo una onda eterna, suave y perpetua, que se mezcla con cada uno de los rincones de mi pensamiento y se acercan cada vez más a mi cúlmen, ese terreno máximo que ve y tiene toda constancia de mi ser.

Puntos que se vuelven líneas, líneas que empiezan a reflejar lo que mi mente quiere idealizar o tal vez quiere imaginar, vivos colores que reflejan mi ideal que no es ni más ni menos que mi pensamiento abstracto de un mundo cohibido y resaltado bajo una gama de colores que cambian y se funden, generando así cintas, círculos, óvalos y todas las formas que tu mente puede llegar a estructurar que es a lo que yo llamo mi mundo ideal, atrapado bajo mi cárcel mental.

Miedos, sentimientos y aflicción, creo que las tres cosas que nutren la forma de vivir de una persona, miedo al pasado, miedo al futuro y miedo a su propio presente, ese miedo a vivir intensamente, a disfrutar la vida en formas de cintas, círculos y óvalos, cosas pequeñas que nos afligen y nos hacen crear nuestra propia pared intelectual, un muro que no deja ni entrar ni pasar pensamientos y sueños. Nosotros creamos nuestras propias limitaciones, vamos construyendo a medida que va pasando nuestra vida nuestros propios ladrillos y los vamos colocando a medida que nos asustamos por cualquier cosilla que se nos atraviese en nuestra gran y circular colina de pensamiento y de vida, nos encerramos en un pequeñísimo cuadrado y lo vamos pintando de gris y de negro, buscando un disfraz el cual nos ayude a ser igual a esa pared, fría, tiesa, sólida, algo que no baila ni danza al compás de las cintas, ni se exhalta con la llegada de un óvalo.

Mi prisión mental no es más que una limitación propia, algo que mis óvalos han generado, no negativamente por favor, no me malinterpreten, es el hecho de poder tener a ese mundo de cintas, círculos y óvalos dentro mío para que estos se hagan realidad y vivan como deberían vivir en el círculo real, en esa cadena de acontecimientos que nos genera todos nuestros temores y nuestros respectivos miedos, y no les digo que a mi no me ha pasado porque sí, tengo miedos y muchos en distintos temas y distintas temáticas, pero es el hecho de tener los ladrillos ahí, tal vez pintarlos y hacerles cualquier dibujo o también usarlos para construir una bella estatua, una gloriosa fuente o simplemente una pequeña casita, mas no autodestruirse y generar para sí una barrera en todo sentido hermética y anti-todo.

Mi mente no es más que un continuo concilio entre estas tres, una larga discusión en donde casi siempre, termina en lo mismo, relajarse y disfrutar la vida tal y como es, una extensión blanca que espera a ser domada, sumisa a nuestro pensamiento y creada a partir de nuestros sueños, nuestras imaginaciones que van como un pincel en un cuadro creando a partir de la nada un bello cuadro, una obra maestra si nos tomamos el tiempo y al dedicación de hacerla resulta en lo más glorioso que haremos en nuestra vida, algo de lo que estaremos orgullosos de contar o a veces de explicar; pero si nos dedicamos a simplemente tirar baldados y baldados de pintura creo, y estoy casi seguro, que sera un cuadro digno de botar a la basura.

He hablado ya del entorno y del pensamiento, de los círculos y los óvalos que no son otra cosa que la forma en cómo es mi mundo y cómo este vive y se crea, pero aún sigue siendo algo estéril, inmóvil y frío, sigue siendo como una pared llena de color que no puede hacer nada, le falta su forma de expresión, ese algo que haga vivir esa pared y la haga vibrar para a final danzar y cantar con los círculos y óvalos. Ese ritmo no es otro que las cintas por que: ¿Qué otra cosa puede producir tal efervescencia? nada más que esas ondas que entran por mis oídos, llegan a mi cerebro y de ahí recorren todas y cada una de las partes de mi cuerpo y les da vida, los llena de alegría es una forma de despertar en mi cada una de las sensaciones ocultas que hay por ahí escondidas, les da una razón para salir, les da un motivo para unirse a esa danza perpetua en mi cabeza y así poder liberar todo lo contenido en ella, dejar que todo lo que tengo dentro de mí se exprese y se haga notar como es.

Una mezcla de colores, una combinación de sabores, una composición de sonidos.